domingo, 12 de marzo de 2017

RELATOS: Un mar de recuerdos - Parte V (Historia Atheriel)

❁ Capítulo IX - La flor de paz ❁
Mi tiempo de paz entre mis hermanos forestales acabó rápido, y es que a pesar de la tranquilidad que se respiraba en el lugar, mi espíritu permanecía inquieto, como a la espera de que algo malo ocurriese.



Aquellos que creen conocerme piensan que es la búsqueda de la tranquilidad lo que mueve mis pasos, que me empeño en alejarme del mundo cuando este empieza a volverse demasiado complejo.
Pero lo cierto es que si nunca he sabido quedarme quieta en ningún sitio ha sido precisamente por ese exceso de tranquilidad, que a veces amenaza con sacar lo peor de mí. Pues aunque disfruto de la paz, estar ociosa es lo que hace que mi mente divague en busca de recuerdos amargos, o que mi sed despierte si paso demasiado tiempo sin tener la mente ocupada en algún tipo de trabajo o búsqueda que satisfaga mi necesidad de aprendizaje.

Y esto quizás explique mi incansable deseo de ayudar, de mantenerme ocupada en algo aunque esto implique ensuciarme las manos y ver más muerte de la necesaria. Pues es gracias a mi trabajo como curandera que encontré el remedio para calmar mi ansia lejos de tu presencia.

Y fue en aquel refugio donde encontré mi bálsamo, cuando mis manos, aquellas que con sus horribles marcas me recordaban una y otra vez mi inutilidad el día que intenté en vano salvar a mi querido Alethan, sirvieron para aliviar por primera vez la dolencia de un extraño. Mostrándome que a pesar de sus cicatrices, seguían siendo útiles y podrían traer algo de paz a este mundo (aunque fuese en pequeñas dosis).

Recuerdo que el día que apareció aquel humano en el refugio hubo un gran revuelo. Se llamaba Thaegar. Era extraño ver a uno de ellos sólo en nuestros bosques y a tantas millas de distancia de la capital, y más extraño aun que lograse sobrevivir hasta ponerse a salvo en el estado que apareció.

Actualmente no podría recordar el color de sus ojos ni el sonido de su voz, pero sé que era un hombre que cabalgaba entre la juventud y la madurez, de espeso y corto pelo negro, un hombre que no temía al bosque (pues de no ser así no habría sobrevivido tanto tiempo). Aunque lo que más recuerdo de él era el estado desnutrido de su cuerpo y las horribles marcas que presentaba, como si hubiese sido sometido a horribles torturas durante un largo tiempo.

También recuerdo que su piel era del color de las hojas en otoño y el tatuaje del águila que surcaba su espalda, sobre todo porque era la primera vez que veía una marca grabada en la piel de esa forma, y sentí cierta curiosidad por conocer el modo en que los trazados podían adherirse a la piel permanentemente. Algo que más tarde, cuando despertó, me contaría como una divertida anécdota en el mar.

Durante muchos días y largas noches, aquel humano se debatió entre la vida y la muerte, y fui yo la que sin apenas haber podido poner en práctica mis conocimientos, me encargué de su salud. Pues como ya comenté yo estaba allí haciéndome pasar por una estudiosa de las plantas, y a falta de curanderos en el lugar, me convertí en la persona que solía calmar las dolencias de los que allí tomaban refugio.

Pero curar un resfriado o desinfectar unos cuantos arañazos no era lo mismo que liberar a un hombre de las garras de la muerte. Y aunque a veces, cuando la fiebre era demasiado alta o su respiración demasiado débil, me sentía superada y deseando abandonar aquel disfraz, logre sobreponerme a mi inseguridad y salvarlo del destino que todos creían que llegaría tarde o temprano.

Aquel fue el primer humano que conocí de forma más cercana, y fue gracias a su gratitud que pude conocer algunas de las historias que acontecían en su tierra y lejos de ella. Pues era un marino que había viajado través de tus aguas durante toda su vida, visitando todo tipo de lugares y conociendo a toda clase de culturas.


Fueron muchas las horas que pasé a su lado, vigilando y limpiando sus heridas mientras él me relataba con entusiasmo sus muchas aventuras. Salvo aquella que más curiosidad despertaba en todos los elfos que se refugiaban allí y que le había traído hasta nuestra tierra en semejante estado. Pero a pesar de las preguntas de mis hermanos, él siempre evadía las respuestas dando vagas indicaciones o guardando un lúgubre silencio, al que solía acompañar siempre un acusado deterioro de su aparente mejoría.

Finalmente mis hermanos desistieron en preguntarle, en parte debido a mis peticiones para mantener en paz a mi paciente. Y le dejaron tranquilo, esperando que mejorase pronto y se marchase de ahí cuanto antes.

Y cuando su cuerpo volvió a fortalecerse y sus heridas terminaron de cicatrizar, siguió deleitándome con sus relatos durante muchos días y largas noches. Hasta que pasadas unas semanas, escuchó tu llamada de nuevo y tuvo que partir.

Ven conmigo me dijo.

Este es mi hogar contesté—. No puedo irme de aquí.

No estás hecha sólo para estos bosques, Atheriel, he visto como tus ojos se iluminan cada vez que hablo de mis viajes a través del mar y sé que anhelas conocer otros lugares.

Eso es porque sabéis cómo relatar una historia y mantener en vilo a vuestros oyentes contesté con amabilidad, fingiendo cierta indiferencia a pesar de que mi corazón quería gritar que aquellas palabras eran ciertas.
No te obligaré a nada contestó con un grave asentimiento y una sonrisa comprensiva—. Pero quiero que sepas que el día que te decidas a conocer otros lares, en la “Gloria Dorada” siempre encontrarás refugio entre sus tripulantes. Somos toscos, y quizás demasiado feos para vosotros, pero serás tratada con el mismo respeto y la amabilidad que tu me has ofrecido durante estos meses a vuestro lado.

Gracias, mi señor, tendré muy presente vuestro ofrecimiento.

Es una lástima tener que marcharme antes de conseguir que al menos me llames por mi nombre.

Thaegar pronuncié con una sincera sonrisa—. Ha sido un placer conocerle.

Él me la devolvió con un bonito regalo, acompañado de una teatral reverencia.

Sé que no es mucho dijo, entregándome una pequeña flor de color blanco—. Pero a partir de este viaje cada vez que vea una de ellas me recordará a ti.

Una flor de paz.


Aún la guardo como recuerdo de aquel marino. 

❁ Capítulo X - La calma que precede a la tormenta ❁

Tras su marcha estuve tentada de seguirle en varias ocasiones. Añoraba sus historias y el modo en el que demostraba su amor hacia tus aguas a través de estas. Y también echaba de menos su entusiasmo por la vida, y su deseo por descubrir tus misterios de una forma tan feroz que en ocasiones llegaba a abrumarme.

Con el paso del tiempo descubrí que esta es una de las características más comunes entre la raza de los hombres, y también la que más nos llama la atención a los elfos, pero por aquel entonces fue una novedad bastante agradable y un soplo de vida en medio de tanta calma.

Pero en aquella época no encontré el valor suficiente para seguirlo, y no tardaría en llegar el día en el que la Fuente del Sol en vez de en nuestro sustento se convertiría en nuestra perdición.

Aun así, no me quedé ociosa en aquel asentamiento, y durante cerca de tres años viajé hacia el sur dedicándome al estudio de las plantas y remedios curativos mientras trataba de cumplir la promesa que le hice a mis padres, reuniendo el oro suficiente para poder resarcir mis actos.

Fueron unos años de gran aprendizaje, sobre todo sobre otras razas y culturas, aunque también peligrosos. Pero tampoco centraré tu atención en demasiados detalles sobre este periodo, salvo para decir que aprendí a ganarme la vida de forma honrada y seguí practicando mis habilidades junto a algunos maestros de la medicina, la alquimia y la botánica.

Aprendí también el arte de la meditación, y poco a poco fui olvidándome del deseo que me hizo estar en deuda con mi familia. No necesitaba la magia para sobrevivir, y tal como mi abuelo me había recomendado, tomé un camino distinto al que según mi familia el destino había reservado para mí.

En esos años pude meditar y entender muchas de las enseñanzas de mi abuelo, y fueron estas precisamente las que salvaron mi vida el día que la Plaga y la sed estuvo a punto de consumirnos a todos.





Créditos:

(Las imágenes utilizadas en mis relatos pertenecen a sus respectivos autores y no son de mi propiedad, si encuentro la página del autor publicaré en cada entrada a quien pertenece así como los enlaces a sus páginas, aunque no siempre encuentro el origen de estas) 

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