domingo, 7 de mayo de 2017

RELATOS: Un mar de recuerdos - Parte IX (Historia Atheriel)

❁ Capítulo XVII - Baño nocturno ❁
Me dirigí hacia el exterior de la torre, aprovechando la oscuridad para poder colarme en las aguas del lago que había junto a ella y darme un baño relajante de hierbas. Pero en cuanto llegué, descubrí que ya estaba siendo ocupado por alguien, al que sin poder evitarlo me quedé contemplando en silencio (como suele pasarme cuando me da por analizar lo que veo, sea un ser vivo o inanimado).

En este caso el sujeto de mi análisis se trataba de nuestro guía, que al parecer había tenido la misma idea que yo y se me había adelantado. Y no era para menos, pues su carga puede que fuese incluso más pesada que la mía.

Recuerdo que bajo aquellas aguas parecía un hombre nuevo, alguien completamente distinto a la persona tosca, sucia y malhablada que había conocido durante el trayecto. Y también alguien sin más preocupaciones que nadar en paz e intentar olvidarse del peso de su responsabilidad durante un corto período de tiempo.

Fue extraño, pero era la primera vez que veía a un elfo desnudo, y créeme, que un hombre de esas proporciones es…bueno, muy masculino. Pero lo curioso es, que en vez de salir de allí avergonzada y respetar su intimidad, me quedé ahí parada tan tranquila para analizar la anatomía élfica, como si no tuviese otra cosa mejor que hacer ese día.

Hasta que él me vio.

- ¿Qué? – preguntó, saliendo del agua sin ningún tipo de pudor y dejando a la vista todo lo que me faltaba por ver - ¿Buenas vistas?

Tuve que tragar saliva antes de contestar para no atragantarme, supongo que por la sorpresa. Y no se me ocurrió otra cosa que hacer una de las preguntas más estúpidas que habré hecho en mi vida. Dada la situación, claro, aunque en su momento para mí tenía su lógica (y aunque lo pareciese no fue dicho con doble sentido).

¿Cuánto mide? – pregunté, con la suficiente serenidad para no quedar en ridículo.

Él se echó a reír, y con toda la pasividad del mundo cogió el paño limpio que había dejado junto a un árbol y se puso a secarse el pelo, ignorando en un primer momento mi pregunta.

 Dos metros…- comencé a mascullar, comparando su tamaño con el del árbol en el que tantas veces había jugado de niña – puede que un poco menos.

Un metro noventa y ocho la última vez que me medí – soltó divertido al verme hacer cálculos mentales. – Eso si te refieres a cuánto mido yo, claro.

Volvió a reír, aunque no entendí la broma en ese momento.

No hay nadie más aquí – contesté algo confusa, y su risa aumentó de volumen.

Me sentí un poco estúpida, así que me dirigí hacia el otro lado del lago y empecé a dejar mis cosas en la orilla, mirándole de reojo mientras terminaba de vestirse, y hasta que no se alejó de allí no dejé de hacer cálculos y empecé a quitarme la ropa.

Sobre la broma, más tarde supe a qué se refería, y sólo diré que anatómicamente mostraba una proporción perfecta en todas las zonas de su cuerpo. 
Por vanidoso que parezca, fue un consuelo volver a sentir que había una mujer debajo de tanto harapo. Y también recordar que mi pelo era plateado y seguía resultando hermoso en tu reflejo.
Pero la mugre, aunque desagradable, me había servido hasta el momento para esconder mi origen noble y hacerme pasar por una simple curandera.

En cambio, cuado mis rasgos quedaron a la vista, algunos empezaron a preguntarse quién era realmente y cuál era la relación que tenía con los Danzasol. Pues, aunque yo no había heredado el cabello rojizo de la mayoría de sus miembros, solían decir que era el reflejo de mi madre Asha (aunque frío y apagado) y poseía el color de piel tostado de los míos.

Y es que a pesar de que teníamos muchísimas cosas más importantes en las que preocuparnos, uno de los medios más usados entre la gente para evadir sus propios problemas ha sido siempre meter las narices en la vida de la gente que no conoce de nada simplemente por el hecho de saciar su curiosidad y mantener la mente ocupada.

Algo parecido a lo mio y mi sed de conocimiento, sólo que centrado en la vida de los demás.

Al día siguiente me hicieron muchas preguntas, a las que yo contesté con silencio o con mentiras disfrazadas. Dejando caer que había servido dentro de la su casa como sirvienta, y que conocía bien a la familia.

La mayoría lo dejó estar, pero hubo alguien que no cesó en su escrutinio, y cuyas sospechas y constantes burlas hacia mi apellido terminaron por hacerme perder la paciencia: el esposo de la madre del moribundo, que ni medio sedado se callaba. Y al que finalmente tuve que drogar con una pequeña dosis de cardo de maná para que dejase de estorbar y poder continuar tratando a su hijo sin molestias.

❁ Capítulo XVIII - Una rara cura ❁

El joven elfo no mostraba apenas mejoría, el segundo día en la torre había empezado a delirar y hablar en sueños, y al atardecer estaba tan mal que temía que no pasase de esa noche.

Su fiebre había aumentado y presentaba una debilidad muy similar al anciano poco antes de morir, pero él se aferraba a la vida con todas sus fuerzas mientras su agotada madre lo acompañaba, consciente de que aquellos momentos serían los últimos junto a su hijo.

Pero yo no había cesado en mi empeño por salvarlo, y mientras siguiese respirando pensaba probar lo que fuese para acabar con aquella rara enfermedad.

El deseo por encontrar una cura se había convertido en una motivación casi enfermiza para mí. Y fue lo que hizo que, a pesar de las advertencias del guía, abandonase la torre durante la noche para tratar de encontrar una rara hierba que me sirviese en mis estudios.
Según había leído en uno de los tomos que encontré allí mismo y pertenecía a mi abuelo Threon, se trataba de una flor de color ocre que sólo florecía bajo la luz de la luna en zonas muy concretas, pero cerca de nuestra posición. Era una hierba con propiedades calmantes muy potentes, parecida a la Carolina, y que solía emplearse también para reducir la fiebre y dolencias mentales. Solían mezclarla con cardo de maná y otras hierbas demasiado fuertes para usarse a la ligera, y aunque no tenía mucha esperanza de que sirviese para el muchacho, decidí hacer la prueba.

No podía dejar que muriese sin haber descartado esa posibilidad, pues sabía que la duda me atormentaría para siempre. Y en el peor de los casos, sabía que esa misma hierba serviría para proporcionarle un remedio que aliviaría su muerte y la haría menos dolorosa.

Así que en cuanto anocheció, decidí partir a solas para poder moverme rápido y volver cuanto antes para administrar el remedio al joven elfo.
Estaba acostumbrada a pasear por esa zona, y gracias a la Luz ese lado del bosque no había sufrido todavía los estragos de la muerte y parecía segura de momento. Pero eso no evitó que me moviese como un animalillo asustado entre los árboles, mirando de un lado a otro de forma paranoica a mí alrededor, y saltando por el mínimo sonido que escuchaba cerca.

Hasta que finalmente llegué al claro donde supuestamente crecía la rara flor.

No tardé en dar con ella, pues aunque su color y forma no llamaban demasiado la atención, sabía que crecía muy cerca de las raíces de tierra, alimentándose de estas durante la noche para obtener los nutrientes que estas recogían durante la luz del día.

Estuve cerca de veinte minutos tratando de buscar una planta con la forma y el tamaño adecuado para el remedio, ya que según mi abuelo, no todas poseían las mismas propiedades y había que tener mucho cuidado con ellas, pues podrían incluso resultar fatales para la salud.

Y estaba tan centrada en el estudio de aquella rara flor que enseguida me olvidé de donde estaba y del riesgo que sufría. No era la primera vez que me pasaba, y más de una vez me había visto obligada a salir corriendo o defenderme para no ser pasto de los animales salvajes. 

Solo que aquella vez el ser que se acercó a mí era mucho más peligroso, y estaba mucho más hambriento que un lobo…



Créditos:

(Las imágenes utilizadas en mis relatos pertenecen a sus respectivos autores y no son de mi propiedad, si encuentro la página del autor publicaré en cada entrada a quien pertenece así como los enlaces a sus páginas, aunque no siempre encuentro el origen de estas) 

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