domingo, 2 de abril de 2017

RELATOS: Un mar de recuerdos - Parte VII (Historia Atheriel)

❁ Capítulo XIII - Caravana hacia el sur ❁
¡¿Se puede saber donde vas, muchacha?! – preguntó alguien del grupo al verme caminar casi sin fuerzas hacia el norte.

Yo no era consciente de mi aspecto, pero más tarde me dijeron que al principio dudaron de si estaba viva o era en realidad uno de los caídos, de lo sucia y andrajosa que me veía bajo los jirones de mi capa de viaje. Y que hasta que no estuve lo suficientemente cerca y pudieron ver mi rostro cubierto de tierra y sangre no se dieron cuenta de que era uno de ellos.

En aquel momento escuchar esa voz masculina en medio de todo ese caos sirvió para devolverme a la realidad. Alcé la mirada y al primero que vi con claridad fue a un elfo de edad madura vestido con ropas de seda, teñidas de suciedad y sangre reseca. Un noble, a juzgar por las joyas que adornaban su pelo grasiento y desgreñado. Que se acercó deprisa al verme.

Hacia el norte – contesté atemorizada de la calma que expresaba mi propia voz, pues ni yo misma me reconocía.

Un ser tan asustado y débil no podía sonar de ese modo, no sin estar poseído o ser presa de la locura. Lo cual tampoco sería raro ante semejante horror.

- ¡El camino hacia el norte es peligroso, hay hordas de no muertos por todas partes!

Debo encontrar…- “cuidado”, me dije – estoy buscando…

Pero no encontré las palabras adecuadas para mentir. Fijé la vista en el resto de miembros que pasaban caminando nuestro lado, algunos me observaban con miradas que variaban desde la tristeza a la desconfianza. La mayoría parecían nobles, y sus edades eran muy distintas, casi todos adultos, aunque podían verse varios niños y un par de ancianos bastante débiles entre ellos. También había dos mujeres embarazadas, ambas viajaban en el carro junto a los ancianos y algunos de los niños más pequeños.        

La carreta iba bastante cargada con el peso de los refugiados, pero apenas llevaban pertrechos con ellos, por lo que imaginé que no serían los nobles los que habían hecho su equipaje.

¡No os paréis y seguir andando!! – gritó uno de los elfos, al que no podía ver desde mi posición - ¡¿Que pasa, no podéis hablar y caminar al mismo tiempo?!

Joven, ven con nosotros – me sugirió con nerviosismo. - Si sigues ese camino sola hallarás la muerte. Las murallas y el camino hacia los muelles están colapsados, y los no muertos atacan sin compasión a toda criatura viva que encuentran a su paso.

Entonces reconocí al noble que me hablaba como uno de los miembros de una familia vecina. Los Puertoluz, creo recordar. Y decidí correr el riesgo de preguntarle por mi apellido.

- Danzasol – solté de pronto, ignorando sus advertencias pese a los gritos del guía - ¿qué sabéis de ellos?

El noble me miró sorprendido unos segundos, y unos pocos parecieron incómodos al escuchar aquel nombre, por lo que supuse que serían miembros de su familia o conocían los rumores sobre los nuestros. Pero aun así el noble contestó, en parte supongo para que me decidiese de una vez acompañarlos o dejarlos marchar tranquilos.

Lo siento muchacha, pero venimos de esa zona y muy pocos han sobrevivido, yo mismo pasé cerca del terreno de los Danzasol y estaba plagado de esas criaturas – su voz, pese a nuestra fama, sonaba apenada al ver mi gesto, pero demasiado nerviosa y acelerada para intentar suavizar el golpe con palabras amables e innecesarias – las haciendas situadas junto a las murallas han sido las primeras en caer y ser pasto de las llamas.

Hubo un incómodo silencio mientras trataba de analizar aquellas palabras con toda la frialdad que me era posible, y en cuestión de segundos fui capaz de ver con claridad que el camino que pensaba tomar, si seguía el rumbo al norte, acabaría con una muerte inútil.

Mis familiares estaban o muertos, o vivos tras las escasas murallas que siguiesen en pie, y yo me aferraba a creer en la segunda posibilidad a pesar de ser quizás la menos acertada.

¿Hay algún modo de acceder a la ciudad?

-  Las posibilidades son muy remotas desde aquí, y gran parte de la capital sigue ardiendo. Hay abominaciones gigantescas atrapando a los refugiados por las calles, ha sido horrible…horrible…  – dijo, comenzando a divagar. Entonces echó una mirada hacia los suyos, que poco a poco iban pasándonos de largo – ven si es que aprecias tu vida, pero no podemos parar aquí sin poner en peligro la vida de los nuestros. Tenemos heridos entre nosotros y necesitamos encontrar ayuda pronto.

- ¡Que no se retrase nadie porque no pienso volver atrás a por ninguno!– amenazó el guía con una potente voz - ¡El que se pare ahí se queda!

No llevábamos ni un par de minutos hablando, pero en ese tipo de situaciones tan poco tiempo podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte, y yo estaba retrasando a ese pobre hombre que se había dignado en parar para venir en mi auxilio (y cabreando a quien no debía). Pero las palabras del noble y la advertencia del que parecía el guía del grupo, hicieron que tomase una rápida decisión. Por suerte mi cerebro seguía actuando con rapidez en los momentos más estresantes.

Puede que mi presencia en la capital fuese inútil en el caso de llegar a salvo, al fin y al cabo ni sabía luchar ni poseía poderes que pudiesen competir con un sacerdote, y probablemente fuese un estorbo más que otra cosa. Puede que no hubiese forma de encontrar a mis familiares entre todo ese caos, en el remoto caso de que hubiesen escapado de la Plaga. Pero lo que si podía hacer era intentar ayudar a esa gente a sobrevivir.

Mirándolo desde el punto de vista más lógico, mi presencia en esa caravana llena de heridos resultaba más práctica que mi muerte. Y para morir ya habría tiempo durante el resto del trayecto.
Así que sin añadir nada más me acerqué a ellos y acepté el ofrecimiento del elfo, dirigiéndome hacia la carreta y acompañándoles a pie antes de que el guía acabase de perder la paciencia.

 Nos dirigimos hacia el sur – dijo una vez nos pusimos en marcha – no será un viaje seguro…pero nuestra única oportunidad está en sobrepasar las líneas enemigas y llegar hasta las tierras de los humanos para pedirles ayuda.

Asentí en silencio, tratando de dejar mi miedo a un lado para hacer lo que mejor se me daba: mantener mi mente ocupada y olvidar por unos minutos mi propio sufrimiento para esforzarme en aliviar el de los demás.

❁ Capítulo XIV - El largo camino hacia el exilio ❁

La presencia de una curandera en el grupo fue un gran alivio para muchos, pero aun así las quejas, los lloros y las numerosas paradas a causa del dolor y de la poca costumbre de los nobles a salir de sus hogares retrasaban la marcha constantemente. Volviendo a un grupo tan numeroso de personas demasiado vulnerable a los ataques.

Pero gracias a las indicaciones de nuestro peculiar guía, pudimos continuar la marcha sin tener que lamentar pérdidas, evitando en la medida de lo posible el combate y escondiéndonos en el bosque.
Llevábamos demasiado tiempo de viaje sin descanso y el hambre empezaba a dejar huella en los ánimos de los presentes, que a medida que pasaban las interminables horas se mostraban cada vez más irritables. Al principio pensé que se trataba de algo normal debido al trauma por el que todos habíamos pasado, pero lo cierto es que yo misma sentía a veces la necesidad de ponerme a gritar o pedir a los enfermos que no se quejasen tanto.

Y eso, conociéndome, era signo de que en mi cabeza las cosas no andaban como debían.

Recuerdo que durante el trayecto alguien me preguntó por mi familia, tras haber recordado que yo la había nombrado antes. No recuerdo su aspecto, pero debía rondar mi edad y no parecía ser demasiado espabilado.

-  ¿Dijiste que conoces a los Danzasol?

 Si – contesté tras comprobar una vez más el estado de los heridos y enfermos más graves.

No pareces una de ellos - no sabía si tomarme aquello como un cumplido por su parte o un comentario sobre mi apariencia.


No dije nada.

¿Por qué no contestas?

-          Ha hecho una afirmación basándose en mi aspecto, no pensé que requiriese de una respuesta por mi parte – contesté de forma cortante, sintiéndome enseguida irritada por sus molestias y con ganas de que dejasen de incomodar con cuestiones innecesarias.

No iban nada bien…

Eh…- lo pensó – ya… pero ¿perteneces a esa familia? – insistió.

- ¿Importa mucho? – pregunté mientras cambiaba los vendajes de mis manos sin ser consciente de lo que hacía, simplemente para mantener la mente ocupada hasta que el elfo se cansase de hablar conmigo.


Pero él siguió el movimiento de mis manos, y de forma descuidada dejé a la vista las cicatrices de las quemaduras que trataba de ocultar.

El elfo ni se molestó en disimular su gesto de desagrado al verlas, y aunque en otro momento no me hubiese importado, ese día mi paciencia y salud mental parecían haber llegado a su límite antes de tiempo.

Esas quemaduras… - empezó a decir.

- Como no guarde silencio no serán las únicas que vea esta tarde – le amenacé, entrecerrando los ojos para mirarle fijamente.

El tono de mi voz, o lo que vio aquel día en mi mirada, debió de ser lo suficientemente convincente, ya que el elfo no volvió a acercarse a mí. Ni ese día ni ningún otro. Y aunque en ese momento me alivió que me dejasen tranquila por unos minutos con mis propios pensamientos, me di cuenta de que si no hacíamos un alto en el camino para poder relajarnos y comer un poco, seguramente acabaríamos lamentando algún incidente entre nosotros y atrayendo al enemigo por el ruido.

Así que decidí hacer de tripas corazón y tratar de convencer al guía, recordando que cerca de donde nos encontrábamos se encontraba la vieja torre de mi familia donde yo había estado refugiada hacía sólo unos días.

-  Sería necesario tomarnos un descanso – dije, acercándome al elfo que llevaba la carreta.

Era el quel’dorei más alto y musculoso que había visto en mi vida, tanto que al principio le confundí con un miembro de la raza kaldorei (a los que sólo había visto a través de tomos antiguos e imaginaba iguales que nosotros pero más atléticos y fuertes).
Un paladín, según comentaban, pero que distaba bastante de parecerse a uno de esos honorables guerreros que, supuestamente, luchaban por la Luz y la justicia. Y aunque su vocabulario lo acercaba más a un vendedor de verduras que a uno de ellos, le creí muy capaz de partir a un hombre por la mitad sin mucho esfuerzo.

Pero, con modales o no, no se podía negar que del grupo era el miembro más preparado para el combate y que si estaba allí dirigiendo a esa caravana de exiliados era porque aquellas personas le habían confiado sus vidas antes, y yo debía respetarlo. Al fin y al cabo, la etiqueta y la educación eran inútiles  en situaciones como aquella. Y que careciese de estas tampoco hacía que sus actos fuesen menos honorables.

Además, gracias a él habíamos sobrevivido hasta el momento, pues no había ningún guerrero avezado entre tanto noble.

Si te estas cagando vas a tener que hacerlo detrás de un arbusto y deprisita. No vamos a parar – dijo.

No, pero ahora que lo mencionáis hay tres adultos aquejados con fuertes diarreas, si siguen así dejarán un rastro directo hacia nosotros, si es que hubiese alguna criatura inteligente entre ellos interesados en buscarnos…- contesté analizando la situación y nuestras posibilidades - y acabaran con toda el agua potable antes de tiempo, están muy deshidratados.

Entonces continué. No solía hablar demasiado, pero cuando se trataba de temas relacionados con mi trabajo me gustaba dejar clara mi postura sin ser interrumpida, y él me escuchó aparentemente atento durante todo mi discurso. Casi sin pestañear, pero con media sonrisa en el rostro.

Hay heridos que no aguantarán muchas más horas de trayecto sin ser tratados adecuadamente, y en movimiento me es imposible sanar sus dolencias sin que caigan antes rendidos por el cansancio. Además – añadí – la gente empieza a mostrarse inquieta e irascible, han pasado por muchos traumas para llegar hasta aquí y temo que las secuelas psicológicas afecten seriamente su salud. Podrían surgir conflictos entre los nuestros, y con el ruido de sus quejas y sus gritos atraer a los no muertos. En cuyo caso nos convertiríamos en un blanco demasiado fácil para…- era la primera vez que alguien me dejaba hablar durante tanto tiempo sin interrupciones, y eso me preocupó un poco, pensado que había sufrido un shock o algo parecido, muy común en ese tipo de situaciones. - ¿Ocurre algo, señor?

Guardé silencio y le miré esperando una respuesta, pero él parpadeó como si acabase de despertar de un sueño, y entonces me miró sorprendido.

Creo que lo he pillado – contestó finalmente, sacudiendo un poco la cabeza – pero este lugar no es seguro, y hasta que no encontremos un refugio o algo parecido donde poder resguardarnos deberemos aguantar hasta al menos atravesar el río.

Conozco un lugar donde podríamos descansar el tiempo suficiente para recuperar fuerzas. No queda demasiado lejos de aquí, a medio día de viaje hacia el sureste, y no tendremos que desviarnos mucho del trayecto.

- ¿Y que tipo de protección encontraremos en ese lugar? – preguntó con cierta desconfianza.

 Se trata de una antigua torre abandonada, un lugar donde mis…señores, solían acudir para dedicarse a la contemplación y el estudio. Se encuentra escondida en la parte más profunda del bosque y su posición podría ayudar a mantener vigilada la zona desde lo alto. Además, mis materiales son escasos y casi me quedé sin vendajes y hierbas. Necesitaría parar a recoger algunos más y con suerte allí podríamos encontrar un buen surtido de pócimas, ungüentos y plantas medicinales. Puede que hasta incluso raciones, para el camino.

- Parece que tienes todo pensado.

-  A veces es necesario que alguien lo haga – solté, dándome cuenta de que quizás había hablado más de la cuenta – Lo siento, no quería insinuar que vos seáis inepto ni nada por el estilo. Ni tampoco esta gente.

Tranquila, está bien que haya alguien con ganas de pensar en algo útil a estas alturas. Iremos donde dices, pero vas a tener que guiarme.

Aquella fue de las pocas veces que abrí la boca para soltar más de dos frases seguidas, al menos antes de que pidiesen mi opinión.

De haber sabido lo que me esperaba allí…puede que no hubiese sugerido ir nunca.




Créditos:

(Las imágenes utilizadas en mis relatos pertenecen a sus respectivos autores y no son de mi propiedad, si encuentro la página del autor publicaré en cada entrada a quien pertenece así como los enlaces a sus páginas, aunque no siempre encuentro el origen de estas) 

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