domingo, 19 de marzo de 2017

RELATOS: Un mar de recuerdos - Parte VI (Historia Atheriel)

❁ Capítulo XI - El inicio de la pesadilla ❁

Quiso la fortuna que poco antes de la llegada de la Plaga iniciase mi camino de vuelta a casa, cuando por fin reuní el dinero necesario para pagar la deuda con mi familia y el valor para enfrentarme a ellos.

Y digo fortuna…porque de no haber llegado a tiempo para vivir de primera mano el sufrimiento de mi pueblo, nunca habría podido comprender su dolor. Y siempre me habría sentido culpable por ello.


Pero, por desgracia, nunca llegaría a saldar mi deuda ni volvería a ver a mis padres ni a mi hermano mayor con vida. Aunque será mejor que no adelante los acontecimientos...
Cuando la Plaga azotó Quel’Thalas, yo me encontraba al sureste de la capital, bastante alejada de lo que hoy en día se conoce como la Cicatriz Muerta. Había decidido hacer una parada en una antigua torre arcana que antaño mi familia usaba como lugar de estudio y refugio, y que por aquellos años había caído casi en desuso. Por lo que en vez de seguir el sendero más rápido pasando por la Aldea Brisa Pura, tomé el camino del este a través del bosque.

Yo no lo sabía, pero sin ser consciente acababa de elegir la ruta más acertada.

Pero durante el viaje, aquel desasosiego que a veces me invadía no iba sino en aumento, hasta el punto que tuve que obligarme a caminar pese a sentir un horrible temor que pesaba en mi  pecho.

Al principio pensé que sólo se trataba de un miedo completamente racional hacia mi tío y las consecuencias de mis actos. O hacia mi primo, que conociéndolo seguramente me habría guardado rencor durante todos esos años. Miedo incluso al rechazo de mis padres por haber abandonado el camino de la magia y aparecer en su casa vistiendo como una pordiosera. Pero enseguida descubrí que aquel miedo era mi propio instinto avisándome de que algo iba muy mal allí, y que si no me alejaba cuando antes quizás no viviría para ver un nuevo día.

Cuando llegué a la torre, la encontré tan vacía como acostumbraba, pero me di cuenta de que algo no iba bien.

El interior del edificio mostraba signos de lucha, o quizás de una precipitada y muy poco cuidadosa marcha, pues el suelo estaba lleno de viales rotos, hierbas desperdigadas y tomos atestados de saberes tirados por el suelo. Algo extraño teniendo en cuenta lo cuidadosos que los magos solían ser con sus objetos de estudio. Así que en un principio pensé que había sido desvalijada por ladrones. Pero cuando subí los peldaños que me llevaron a la única planta habitable situada en lo alto de la torre y me asomé al balcón, descubrí el motivo de tal destrozo.


Y allí, en lo alto de aquel refugio abandonado, me quedé contemplando con incredulidad la silueta de las murallas y las altas torres de Lunargenta rodeadas por el fuego, el humo y la ceniza. Sin poder mover un solo músculo debido al terror que me produjo la horrible visión del fuego destruyendo mi hogar.

Y no pude alejarme del lugar hasta que el fuego se sofocó en gran parte y la marcha de la Plaga siguió intentando ser contenida, momento en el que tomé una de las decisiones más estúpidas de mi vida:

Ir al norte.

Directa hacia las llamas.

❁ Capítulo XII - Soledad ❁

Aunque la brecha situada al oeste de mi posición era el lugar donde mayor concentración de no muertos había y yo me encontraba a millas de distancia de aquello, no tardé en conocer los estragos que habían provocado antes de mi llegada a la capital. Encontrando por el camino algún no muerto rezagado en nuestros bosques, entre los que yo me pude ocultar gracias a mi conocimiento de aquel terreno mientras me dirigía hacia las murallas en busca de mi familia.

Vi cadáveres de forestales siendo devorados por putrefactos seres sin vida, la maleza de mi amado bosque manchada con la sangre de mis hermanos, y cientos de cadáveres dispersos que aumentaban su cantidad a medida que me dirigía hacia el norte. Gente huyendo tratando de salvar sus vidas y las de sus seres queridos, madres abrazadas a los cuerpos de sus hijos gimiendo y rogando a la Luz por la salvación de sus almas. Y no muertos por todos lados, que apenas eran contenidos por la guardia.


Pero yo continué adelante, aferrando temblorosa la espada que sustraje de uno de los guardianes de un pequeño poblado cercano a la capital completamente arrasado, temiendo el momento que debiera usarla para defender mi vida inútilmente antes de caer presa de aquellos seres. Pues nunca había usado un arma de filo como aquella, ni tenido la necesidad de luchar por mi vida salvo alguna que otra ocasión frente algún animal salvaje.

Y a pesar de ser cada minuto más consciente de que acabaría siendo una víctima más de la Plaga si no me alejaba de allí cuanto antes, seguí corriendo en dirección a las murallas, repitiendo sin cesar los nombres de mis padres, de mi hermano y los pocos familiares a los que aun guardaba algo de respeto.

“Rael Danzasol…mi padre, Asha Danzasol…mi madre, Atherian Danzasol…mi hermano, Hadrien Danzasol…mi primo…”, y así hasta acabar la lista y repetirla sin aliento tratando de no olvidar sus nombres en medio de aquella locura. Aferrándome a ellos como si fuese un salmo a la Luz.

Hasta que vi pasar una caravana de Altos Elfos que se movían justo en dirección contraria, y paré de murmurar para observar, algo incrédula, mi propia salvación.




Créditos:

(Las imágenes utilizadas en mis relatos pertenecen a sus respectivos autores y no son de mi propiedad, si encuentro la página del autor publicaré en cada entrada a quien pertenece así como los enlaces a sus páginas, aunque no siempre encuentro el origen de estas) 


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