domingo, 19 de febrero de 2017

RELATOS: Un mar de recuerdos - Parte III (Historia Atheriel)

❁ Capítulo V - Raíces marchitas ❁
Aquellas escapadas no tardaron en convertirse en mi única vía de escape, el único modo de conservar mi serenidad ante los horribles actos de mi tío Ashdrad, que cada día que pasaba se volvían más crueles sin que nadie se atreviese a delatarle. Ni siquiera mis padres, que veían sus actos necesarios para mantener unida a la familia y conservar su poder. Y pensaban que sus enseñanzas, aunque crueles, eran acertadas.


Hasta que un día fue mi propio hermano menor el que sufrió las consecuencias.

Aquel día contemplé con horror como en una de sus clases más duras, mi hermano Alethan perdía el control de una minúscula llama surgida de sus propias manos, y cómo en cuestión de segundos esta incendió su túnica hasta reducirlo a cenizas bajo la atenta mirada de mi tío, que gritaba sin cesar “¡Si no puedes controlarla serás consumido por ella!”, obligándonos a observar su agonía como lección para fortalecernos.

Recuerdo que corrí en su auxilio, y también el tacto del fuego en mis manos mientras trataba de sofocar las llamas sacudiéndolo con mi propia capa. Pero las llamas, aquellas condenadas llamas…no morían. ¿Cómo de algo tan pequeño e inofensivo podía surgir semejante fuerza? ¿Y de qué modo podía hacer yo que estas desapareciesen?

No hubo nada que pudiese hacer, y si yo misma me libre de ser pasto del fuego fue porque mi primo Hadrien me apartó a tiempo.

“Si hubieses prestado más atención a mis enseñanzas podrías salvarlo, Atheriel” “Si no te hubieses negado a controlarlo podrías haber hecho algo” “¿Qué se siente al saber que por culpa de tu rechazo tu hermano menor ha muerto?”

Esas fueron muchas de las palabras que escuché por parte de mi tío y mis primos aquel día, y que acompañaron a mi conciencia durante muchos años mientras me preguntaba una y otra vez cómo podría haberle librado de ese horrible final. Y que tiempo más tarde, cuando el dolor mitigó y la culpa dejó de ser tan pesada, obtendrían su respuesta…

Pero te preguntarás como tales actos no llegaron nunca a oídos ajenos, y yo te diré que en realidad si lo hicieron, pero de forma algo distinta a cómo era en realidad.

“Dejad que se maten ellos mismos, están todos locos” “Esa familia ha caído en desgracia desde la muerte del único sabio que había en ella” “Dicen que pactaron con los trolls del bosque” “Se llaman piromantes pero arden como antorchas, son una vergüenza para los magos”

Eran algunas de las frases que se podían oír entre las gentes de mi raza, y no podía culparles, pues por personas como mi tío nos ganamos a pulso sus calumnias.

Cuando uno de los nuestros moría, se solía culpar al mismo de su desgracia, y como no era tan raro que un mago cayese preso de sus errores, no solían investigar lo que ocurría dentro de nuestros muros.

Y así fue como mucho antes de la caída de Quel’Thalas, nuestra familia no era sino una sombra marchita de lo que antes había sido una casa de respetables arcanos. Y a pesar del poder económico que podíamos poseer, nuestras raíces fueron pudriéndose hasta terminar de caer cuando la Plaga llegó a nuestras tierras.

Pero aun no ha llegado el momento de hablar de esta parte. Seguiré haciéndolo cuando antes haya hablado de mis escasos, pero existentes, momentos de paz.

❁ Capítulo VI - Mi amante, mi refugio ❁

Como ya he comentado, empecé a visitar a escondidas la Academia de Falthrien, y me hice pasar por otra persona usando el nombre de una joven alumna que conocí durante mis paseos, llamada Lariel.

Aquel día pensaba colarme en la biblioteca aprovechando el descuido de uno de los guardias, cuando la descubrí sin querer jugando entre los árboles con su amante, uno de los guardias que vigilaban la torre de la Academia.

“Sólo acudo a clases por él, ni siquiera me interesa la magia pero mis padres ya han pagado un año entero y no soy capaz de decirles que en realidad ni me he presentado”, me dijo, tras muchas excusas que no pedí. Para más tarde, después de unas pocas frases por cortesía, añadir “Si tan interesada estás en las enseñanzas del maestro Felendren, haz uso de mi nombre como te plazca dentro de la torre, tu me harás un favor y a cambio yo te ofrezco la oportunidad de acceder a sus clases sin esconderte”

Aquello era más de lo que hubiese esperado, una oportunidad perfecta de poder aprender libremente sin preocuparme de que mi tío pudiese descubrir mi acceso a la Academia, al fin y al cabo, yo era otra persona. Por lo que acepté casi sin pensar en las consecuencias.

Y gracias a nuestro trato, Lariel y su amante pudieron yacer tranquilos entre los árboles mientras yo me empapaba de los conocimientos de aquellos maestros tan distintos a los míos, mostrando gran interés en sus clases de botánica y alquimia. Y sobre todo, pese a las reticencias de mi familia, las clases de hidromancia básica, con las que descubrí por primera vez el único camino que realmente pudo llegar a interesarme de la magia.

Uno basado en la protección y no en la destrucción, aunque sé que puedes ser tanto o más peligroso que el fuego y que no hay que menospreciarte. Pero lo cierto es que si me dieran a elegir, preferiría morir en tu abrazo que ser pasto de las llamas.


Hoy en día atesoro los recuerdos de aquel año como los mejores de mi vida, y también los más emocionantes. Recordando cómo mi pecho latía sin cesar a medida que me acercaba a la torre, como la joven que acude a los brazos de su amante en secreto, con miedo a ser descubierta pero ilusionada al mismo tiempo.

Y recuerdo al maestro Felendren como un hombre de apariencia serena, pero que escondía en su interior la bravura del mar y la tenacidad de las olas. Un hombre admirable, o al menos eso pensaba cuando escuchaba sus enseñanzas, pero que por desgracia cayó preso de la sed que afectó a tantísimos Altos Elfos años más tarde.

Fue un año cargado de esperanzas, que acabó muy deprisa y apenas tuvo su fruto. Pues en tan poco tiempo es imposible aprender demasiado, pero que me enseñaron una de las lecciones más valiosas que un mago debe aprender: la magia crea adicción.

Y es que hasta que no fui adicta al saber, no me di cuenta de lo peligrosa que puede llegar a ser.



Créditos:

(Las imágenes utilizadas en mis relatos pertenecen a sus respectivos autores y no son de mi propiedad, si encuentro la página del autor publicaré en cada entrada a quien pertenece así como los enlaces a sus páginas, aunque no siempre encuentro el origen de estas) 

Imagen elfo por Mathia Arkoniel



2 comentarios:

  1. Se me hacen cortos los capítulos jejeje
    esperando poder leer mas, bss

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    1. Jajaja ¡esa es buena señal! Me alegra que te esté gustando Nefertari, este fin de semana subiré el siguiente. ¡Un abrazo!

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