sábado, 11 de febrero de 2017

RELATO: Un mar de recuerdos - Parte II (Historia de Atheriel)


❁ Capítulo II - Mi sangre, mi extirpe, mi origen ❁



Mi familia, al igual que otras muchas dentro de Lunargenta, estaba formada en su mayoría por grandes arcanos, que fueron transmitiendo su poder de generación en generación durante largos siglos, enseñando de padres a hijos el arte del fuego, como ellos lo llamaban.

Dentro de ella existieron grandes piromantes, hombres y mujeres sabios que dedicaban su vida al estudio del elemento y lo usaban como un medio para fortalecerse y proteger a los nuestros. Arcanos que respetaban y conocían bien los cuatro preceptos básicos que cada mago debe poseer para no caer en el ansía que suele corromper a muchos de los mejores. Pero también existían aquellos que no se contentaban nunca con el poder que poseían, y siempre intentaron tomar más de lo que debían.

Supongo que en una familia de arcanos esto es algo muy normal, pero, en la mía, los buenos piromantes fueron desapareciendo o sucumbiendo a la sed demasiado rápido mientras otros se fortalecían. Y aquellos pocos que pudieron quedar terminaron siendo corrompidos o aniquilados por su propia familia.

Pocas personas conocen en la actualidad la verdadera historia de los Danzasol, de su origen. Pocas personas hoy en día reconocen que fuimos en el pasado sabios y bienhechores, y pocas personas que hoy en día hayan escuchado hablar de mi apellido pueden decir algo bueno de él. 

Pues lo cierto es que poco bien hemos traído a nuestro pueblo desde que mi familia sucumbió a la magia, y un mal acto es más fácil de recordar que cien acciones honorables.

 Capítulo III - Sangre y Fuego 

Cuando yo nací aun quedaban algunos de esos pocos miembros dignos de mención y de ser recordados como ejemplos a seguir. Mi abuelo era uno de ellos.

Le llamaban Threon el Sabio.

Él siempre decía que la magia debía usarse para servir a los demás, y nunca en propio beneficio, y sólo en caso de ser necesaria. Y también me decía que de poder elegir, nunca tomase ese camino.

Por desgracia, murió antes de que alcanzase la edad del entendimiento, y muchas de las cosas que me enseñó y no comprendí en su momento las he olvidado, pero aun recuerdo su mejor consejo, aquel al que me he intentado ceñir desde que comprendí su significado.

Recuerdo que sus palabras antes de morir fueron: “Vive tu propia vida lejos de esta familia de locos” (no fue su frase más erudita, pero si la que más verdad encerraba) 

Mi abuelo, al igual que otros Danzasol, murió a manos de su propio hijo: mi tío Ashdrad. Que no contento con su muerte, despedazó su cuerpo delante de aquellos miembros de la familia que aun se oponían a su dominio y los obligó a arrodillarse ante él, aceptándolo como único señor de nuestra casa. Después lo quemó y esparció sus restos para no dejar pruebas de su asesinato, obligándonos mediante el miedo y la opresión a guardar silencio y fingir que Threon el Sabio había caído preso de su propio poder, convirtiéndose para vergüenza de nuestro linaje en otro de los muchos ejemplos que sirvieron para tacharnos de lunáticos.

Yo era una niña por aquel entonces, y nunca olvidaré la imagen del cuerpo de mi abuelo siendo consumido por las llamas. 

Aquella fue la primera vez que vi el poder destructivo del elemento, pero no el último.

 Capítulo IV - Los Danzasol 

Los Danzasol vivieron sus primeros días dentro de la capital, ganando riquezas, poder y fama entre la nobleza. Pero a medida que el tiempo pasó y la oscuridad comenzó a ennegrecer sus corazones, decidieron trasladar sus vidas fuera de las murallas de la capital. Donde sus actos dentro de sus propios muros pasaban más desapercibidos para el resto de Altos Elfos, que cada día les miraban con más recelo.


En la época en que yo nací aun quedaban algunos miembros en la capital, pero la mayoría decidieron cambiar su apellido adoptando el de sus cónyuges para evitar burlas y desconfianzas dentro de Lunargenta.

Yo era la mediana de tres hermanos, la única hembra entre ellos, y aunque a mis padres les hubiese gustado tener más niños, una rara enfermedad hizo que mi progenitora quedase estéril poco después de dar a luz al último.

Mi padre, Rael, era maestro. De carácter difícil y muy estricto, que solía desdeñar a aquellos que no consideraba dignos de sus lecciones por el simple hecho de tener visiones distintas a sus enseñanzas. No permitía que nadie le llevase la contraria, a no ser que pudiesen rebatir su postura con un buen argumento.

Conoció a mi madre en una de sus clases. Fue una de sus alumnas más aventajadas y la única que osó contradecirle abiertamente el primer día de clase y no ser expulsada de inmediato.

Mi madre, Asha, era de esa clase de personas que suelen dejar huella allá por donde pasan. Su carácter y arrebatadora belleza a pocos dejaba indiferentes, y volvió loco de amor a mi padre casi de forma inmediata. Aun recuerdo su pelo rojo mecido por el viento brillando como una llama, era una hermosa visión, una de las pocas que me recuerdan al fuego y no me hacen temblar actualmente.

Mi tío Ashdrad era su hermano mayor, y al igual que él adoraba el elemento con demasiado fanatismo, pero era astuta, y conocía bien lo que se decía de nosotros. Sabía lo que podía y no debía comentar en público, y sabía qué cara mostrar dependiendo de qué situaciones.

Mi padre creyó las mentiras de mi madre, y a pesar de la fama negativa que tenían los Danzasol entre el resto de Altos Elfos, y de las reticencias de su propia familia, la tomó como esposa y se trasladaron a vivir a unas de las haciendas situadas al noroeste de la capital, cerca de la hermosa Isla del Caminante del Sol en el Bosque de la Canción Eterna.


Allí fue donde yo nací, y donde me crié bajo la estricta mirada de mi padre y la fe ciega de mi madre.

Pero…¿Fe en el fuego? ¿En un elemento? ¿No sé supone que son ellos los que deben servirnos como medio y no nosotros los que les servimos a ellos?

Esas y otras muchas preguntas empecé a hacerme demasiado pronto, gracias en parte a las enseñanzas de mi abuelo.

Y empecé a darme cuenta de que aquellas habladurías sobre nosotros no eran del todo infundadas. Pero nunca me atreví a hacerlas en voz alta, pues el miedo hacia mi tío y su poder era más fuerte que mi curiosidad.

De ese modo, con miedo a mi propia sangre, crecí y aprendí de lo que ellos quisieron enseñarme. Y hasta casi mi edad adulta fui instruida como arcana y piromante, mostrando una afinidad al elemento que algunos de mis primos envidiaban, pero que yo despreciaba y temía a partes iguales, y me negaba a dejar salir. Haciendo que las clases que día tras día intentaban inculcarme algún conocimiento apenas diesen fruto. Pues nunca llegué a hacer nada útil con la magia, volviéndome cada día más cerrada al aprendizaje de lo arcano. Pero mostrando cierto interés en otro tipo de materias menos dañinas.


Y a escondidas de mis padres, visitaba la gran biblioteca de la Academia de Falthrien, donde el antaño respetado maestro Felendren daba sus clases. O me pasaba las horas contemplándote desde los acantilados situados al norte de la isla, soñando con poder algún día desentrañar tus misterios y escapar de aquella vida a través de tus aguas.




Créditos:

(Las imágenes utilizadas en mis relatos pertenecen a sus respectivos autores y no son de mi propiedad, si encuentro la página del autor publicaré en cada entrada a quien pertenece así como los enlaces a sus páginas, aunque no siempre encuentro el origen de estas) 

- Family e imagen pareja de OrenMiller
- Nora de ElenaDudina (animación Akela73)


2 comentarios:

  1. Enganchada por completo.
    Espero poder leer mas, besos

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    1. Me alegra que te gustase la forma de narrarlo Nefertari, hoy si me da tiempo subiré la siguiente parte ^_^ ¡Besos!

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