jueves, 23 de febrero de 2017

Mitología de Édora: El mito de la creación de Édora y sus dioses (Parte II)

IV. El amor de Nimiel.


Nimiel, que era la más bondadosa y creativa de los dioses, pero extremadamente tímida con sus hermanos, no tardó en sentirse poderosamente atraída por aquel alegre dios que no dejaba de disfrutar de la vida que ella creaba para los demás, y curiosa, le observaba entre los árboles mientras él se deleitaba moldeando y disfrutando de sus propias creaciones. Dejando su semilla entre ellas para dar lugar a nuevos seres cargados de belleza y magia, que siempre lograban sorprenderla y maravillarla.
Y mientras que Adegion se encargaba de aliviar el temple de su hermana y neutralizar sus ansias de seguir creando seres sin control, Ygnur conseguía el efecto contrario incluso antes de saber de su existencia, alentando al caos del que Adegion rehuía.


Si Adegion dictaminaba qué criaturas debían reproducirse y cómo hacerlo, Ygnur trastocaba sus propias necesidades y deseos para crear vida de las formas más extrañas, provocando uniones totalmente caóticas que daban lugar a nuevos seres tan fascinantes como insólitos.

Centauros, faunos, serinas y cambiaformas eran sólo algunas de sus criaturas, salvajes como la madre naturaleza que les había dotado de vida, e imbuidos con la magia y la esencia del propio Ygnur.

Y cuando el caótico dios fue consciente de la presencia de su hermana y vio por primera vez a la creadora de tanta belleza, se enamoró tan perdidamente de Nimiel que no cesó de perseguirla hasta lograr engañarla y atraerla hacia su fuego, consiguiendo que la diosa le correspondiese tras una larga espera.

Y juró amarla y venerarla hasta el resto de sus días, pues no existía en Édora mayor amante de la vida que el propio Ygnur, ni mayor representante de ese amor hacia su creación y semejantes que la hermosa diosa Nimiel.

V. Desdeñando el peligro, la oscuridad se abre paso.

Mientras tanto, los dioses mayores seguían velando por toda Édora y el dios Infante, mostrándose orgullosos de su propia creación y agradecidos a su hacedor, al que contemplaban jugar desde lo alto de su morada.

Tan grande era su dicha y armonía, que no se preocuparon más por la oscuridad que habían dejado atrás, y no dieron importancia a las pesadillas que de vez en cuando seguían atemorizando al pequeño, desdeñando sus miedos y achacándolos a su carácter infantil.

Pero habían olvidado que el Infante era más poderoso que ellos, y sus miedos seguían adquiriendo poder sin que ellos fuesen realmente conscientes de lo que ocurría. Y estos terminaron por alimentar a la Pesadilla hasta que tomó su propia forma y retomó su anterior cometido. El de llenar de oscuridad aquel luminoso mundo que los dioses habían concebido, y transformar y retorcer sus creaciones para formar su propio ejército.

Sin quererlo ni prever las consecuencias de su exceso de confianza, los dioses permitieron que Édora fuese poco a poco dejando paso cada vez más a la oscuridad y al ejército de Pesadilla, que se fue extendiendo desde el este a un ritmo constante e inclemente.

Y de esta sombría tierra invadida por la Pesadilla nació un nuevo dios que se manifestó a través de la propia oscuridad, Kaele, que la reclamó como propia y fundó su reino dentro de ella, provocando la división del mundo de Édora en dos mitades. Aquella donde la luz de Dhalaria dominaba y los dioses se centraron en proteger sus creaciones, Andhüne; y la sombría tierra que había sido arrasada y conquistada por la PesadillaShelüne.


VI. Un acuerdo entre dioses.

Dhalaria y Vaehnar, ante el paso de la oscuridad y el nacimiento de ese intrigante dios del que no sabían nada y al que achacaban el terrible sufrimiento al que estaban siendo sometido su mundo y el propio hacedor, centraron sus esfuerzos en proteger Édora y al Infante, llegando a la conclusión de que habían obrado mal al ignorar su poder.

Nimiel, debilitada cada vez que la Pesadilla aniquilaba, destrozaba y transmutaba con crueldad a sus propias creaciones, contemplaba con horror como la tierra que antaño estaba llena de vida se marchitaba y se convertía en una horrible carcasa plagada de muerte y enfermedad, sin poder hacer otra cosa que llorar y sufrir por la pérdida de tantas vidas. E Ygnur, furioso y movido por la rabia que sentía ante el dolor de su amada, usó su fuego para combatir aquella horrible plaga, sin percatarse de que el caos que provocaba sólo traía más muerte y dolor a su amante.

Fue Adegion el que logró imbuir algo de razón en sus hermanos, y con su tenacidad y arrojo logró ayudarles a superar sus debilidades y sobreponerse al horror al que esas criaturas les sometían.

De ese modo, y gracias a la ayuda de sus hijos, Vaehnar y Dhalaria buscaron una solución en común que, junto a la ayuda de su hermana Alysha, conseguiría contener al ejército de Pesadilla.






Créditos:

(Las imágenes utilizadas en mis relatos pertenecen a sus respectivos autores y no son de mi propiedad, si encuentro la página del autor publicaré en cada entrada a quien pertenece así como los enlaces a sus páginas, aunque no siempre encuentro el origen de estas) 

- Diosa de Selina Fenech


2 comentarios:

  1. Y pesadilla fué ganando terreno. Espero que puedan combatirlo.
    Besos

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    1. En el siguiente tienes ya el final de este relato ¡espero que te guste, guapa! ¡un abrazo!

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